martes 28 de septiembre de 2010

LA HUELGA

A partir de que los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT llamaron a la Huelga General en contra de la crisis y de las medidas decididas por el Gobierno lesivas para los intereses de los trabajadores, se ha desatado una campaña por parte de algunos medios de comunicación y de los llamados expertos económicos que no sólo han combatido el hecho de la Huelga con argumentos en muchos casos agresivos, sino que, finalmente, han puesto en cuestión la propia existencia de los sindicatos.

Mientras tanto, éstos han ido poco a poco reuniendo a los trabajadores, haciendo asambleas, repartiendo documentos, octavillas, argumentando las razones para ir a la Huelga. Los sindicalistas han ido labrando día a día la acumulación de fuerzas necesarias para el éxito de la misma.

Entre uno de estos esfuerzos, asistí el pasado día 22 a una asamblea de representantes de la Universidad y la Cultura en apoyo a la Huelga General. Allí me encontré con veteranos luchadores por la libertad: Catedráticos, profesores, artistas, músicos... Viéndolos recordé como en otros momentos, en fechas dramáticas como las de enero de 1971, en pleno Estado de Excepción dictado por Franco, cuando en las comisarías el conocido torturador Antonio Juan Creix maltrataba a decenas y decenas de detenidos, un grupo de intelectuales, no muy numeroso, pero significativo, encabezado por Ramón Carande, se presentaron a protestar ante el Cardenal Bueno Monreal, presentándole un escrito con firmas exigiéndole el cese de la tortura. A partir de aquel instante cesaron.

Siguiendo con esta reflexión, constataba, que en otros momentos difíciles de la construcción de la nueva España democrática, los trabajadores también habíamos contado con la solidaridad de los intelectuales. Cuando las cosas se ponen difíciles, si se amplían las alianzas y las solidaridades, se empieza a ganar influencia y hegemonía en la sociedad. Con la Huelga General del 29-S es eso lo que está ocurriendo. Al unirse la Cultura y la Universidad a la clase obrera, se equilibran las fuerzas, se debilita la campaña en contra, se gana la hegemonía, se asegura el éxito de la Huelga General.

En todo esto estaba pensando asistiendo a las sucesivas intervenciones que se producían en el escenario de la asamblea. Constaté que además de los veteranos, había representantes de los sucesivos aluviones generacionales hasta llegar a los más jóvenes, que se han ido incorporando a ese ejército cívico en defensa de la dignidad.

Al terminar el acto, y cuando los asistentes salían poco a poco del salón, me paró una compañera y cogiendo a una niña por el hombro, la volvió y me la presentó. Era su hija Jara. Mirándola me quedé sorprendido. Iba cubierta con una gorra al estilo guerrillera inclinada sobre la oreja... ¡qué guapa era!. Parecía una jovencísima musa de la libertad. Tenía una cara radiante, como emocionada del acto, y eso que sólo tiene 11 o 12 años. Allí mismo, sobre la marcha, descubrí que algunos de los engreídos periodistas y expertos que en este período han teorizado sobre la desaparición de los sindicatos... ¡¡qué equivocados están!!


Eduardo Saborido, 28/09/10