
La primera vez que lo conocí, ni siquiera lo vi. Si acaso una silueta borrosa junto a otras formando grupo. Me había detenido hacía unas horas la Brigada Político-Social y me interrogó por primera vez acusándome de pertenencia al Partido Comunista. Me aseguraban que había gente detenida que así lo había manifestado, me negué en redondo a admitir dicha acusación.
Más tarde, sin yo esperármelo, me trasladaron en un coche a los Juzgados de Primera Instancia de Sevilla, y esposado, me hicieron subir por las grandes escaleras al segundo piso. Me acercaron a la baranda que había en el descansillo y me dijeron que me asomara mirando hacía abajo. Allí los vi, al grupo de cinco o seis, en la escalera, mirando hacia mí y uno de ellos me llamó por mi nombre de guerra, gritando ¡Emilio, Emilio!, por poco caigo en contestar, pero no, me contuve, disimulé y miré para otro lado. La policía me retiró de la baranda, y otro de los del grupo, sin yo saberlo entonces, era el joven Antonio Herrera. Se había producido de forma más sofisticada uno de los habituales careos a los que la Brigada Político-Social sometía a los detenidos por actividades contra el régimen.
Lo de que uno de ellos era Antonio Herrera lo supe después por boca de otros, cuando me trasladaron a la cárcel pasando otra vez por el Juzgado para ser interrogado por el juez, acusado de pertenecer a CC.OO. Allí junto a los otros encarcelados, reconstruímos a duras penas cómo había sido la caída. Antonio Herrera, no estaba en la cárcel porque había sido puesto en libertad al no admitir ninguna de las acusaciones de la policía.
Después de este primer avatar, perdí de vista a Antonio. Tuvieron que pasar dos o tres años para que me empezaran a llegar noticias de él, por lo visto estaba pidiendo el reingreso en el PCE y utilizaba mi posible aval para romper la desconfianza que ante un hecho de este tipo pudieran tener los camaradas a los que se dirigía. En aquella época dictatorial, no entraba cualquier ni de cualquier forma en el Partido, había que comprobar, aunque sin tener ningún medio sofisticado, la honradez de los solicitantes para impedir las infiltraciones de la policía.
Por el conducto que me llegó esta noticia, Alfredo Pérez González (antes Guillamón) y Antonio el de Renfe (también conocido por El Tapicero), monté una cita con Antonio en La Campana mediante contraseñas, pues yo no lo conocía físicamente, y nos fuimos a tomar un café al Bar Plata, entonces los más comprometidos no bebíamos otra cosa: un café, otro café y más café... Allí le fui contando cómo estaba el Partido, las Comisiones Obreras y la lucha en general. Él se mostraba con muchas ganas de incorporarse. Después de aquel encuentro, por supuesto, yo lo avalé para su reingreso.
Muy pronto me lo empecé a encontrar en las reuniones y asambleas de CC.OO. Aquel año de 1970 fue el de las grandes y prolongadas huelgas en Sevilla, ya en el primer semestre se produjeron las de Siderúrgica y Astilleros, con decenas de despedidos, encierros y profusa solidaridad de los trabajadores. También se desarrollaron las dos huelgas generales de la Construcción, una en abril y otra en junio, las primeras de España con centenares de despedidos, como así mismo también por primera vez la huelga de los panaderos.
Aquel verano del 70 desbordada la policía, pidieron refuerzos y el Ministerio de Gobernación mandó desde Barcelona al conocido policía, experto torturador, Antonio Juan Creix y le nombraron Jefe Superior de Policía de Andalucía Occidental con sede en Sevilla.
A principios de diciembre, Antonio sufrió su segunda detención repartiendo propaganda contra el Proceso de Burgos en el pueblo de Carmona. La guardia civil se lo llevó al cuartelillo de la Calzada y lo sometió a varios días de interrogatorios y torturas.
Días más tarde, el dictador declara el Estado de Excepción por seis meses en todo el territorio nacional. En ese ambiente represivo, Antonio es mandado a prisión y allí convivirá durante más de un mes con decenas de presos políticos producto de la razia organizada por el barcelonés. Por este motivo, Antonio Herrera fue condenado por el TOP a un año de prisión que cumplió desde junio de 1971 a junio de 1972.
Tras la muerte de Franco, una vez conseguida la puesta en libertad de la mayoría de los presos políticos en prisión, a principios de 1976, se organizó en Sevilla la presentación de un libro que había escrito Nicolás Sartorius sobre el movimiento obrero y Comisiones Obreras. Dicho acto se llevó a cabo en el Club Gorka, sito en la calle San Gregorio, en la que intervinieron además del autor, Alfonso Carlos Comín y Simón Sánchez Montero. Este hecho cultural se convirtió como casi todos los que por entonces se realizaban en España, en una acción pública netamente política y de oposición al régimen. A la terminación del mismo, salimos a la calle y nos vimos sorprendidos por la presencia de una manifestación numerosa y compacta que entraba por la esquina de los jardines del Cristina, nos recluímos en las aceras, y conforme se fueron acercando, descubrimos que eran los trabajadores de la construcción de Sevilla. A su frente, venía Antonio acompañado entre otros por José María Rangel y Eugenio López.
Nos rodearon, y nos hicieron subir a lo alto de una furgoneta que allí estaba aparcada, nos encaramamos al techo y nos pidieron que les dirigiésemos a los trabajadores unas palabras. Allí arriba estábamos Nicolás, Comín, Simón... yo no se a ellos, pero a mí me temblaban las piernas... aunque apenas se inició el discurso, apareció la policía, que venían tras los manifestantes desde el Colegio de Médicos, que estaba situado en la Avenida de la Borbolla, que no sé por qué ese era el origen de la manifestación y de la protesta.
Tuvimos que disolvernos a marcha acelerada y alguien nos condujo a los de arriba de la furgoneta y a algunos de los más conocidos, a una casa situada en el cercano Patio de Banderas en el Alcázar, nos informaron que era el domicilio de la Marquesa de Salinas, destacada militante de Amnistía Internacional. Ésta aristócrata nos salvó de la policía y nos invitó a una copa. Algo estaba cambiando en España de forma imparable...
En 1980 lo volví a perder de vista, se marchó a Madrid, lo habían elegido nada menos que Secretario General de la Federación de Construcción Estatal, Tranquilino Sánchez, su líder histórico, había dimitido. Al poco tiempo me enteré de que a Antonio no le iba muy bien su estancia en Madrid, cuidad tan grande que a él, acostumbrado a Sevilla, le costaba trabajo abarcar. Y encima, organizar y atender a España, todavía más grande.
En el 81 celebramos el tercer congreso de la COAN, al que asistió Antonio. Hablé con él y lo propuse para la Ejecutiva por lo que pudiera pasar en la Federación, pero antes ocurrió el 23F. En la tarde de dicho día, España vivió en la inquietud y en la zozobra por no decir el miedo cerval, para algunos. Desde la sede de la COAN, en la que permanecimos de guardia hasta por la noche, llamábamos a la Confederación en Madrid para informarnos de la marcha de los acontecimientos y coordinarnos por si había que hacer alguna acción, tuvimos la suerte de tener una comunicación privilegiada. Allí, en la calle Fernández de la Hoz, estaba Antonio, que fue el que aseguró nuestro contacto y nuestra información.
Al principio de la tarde se barajó por la Dirección la necesidad de convocar un paro general en España, aún sabedores de las dificultades que tendríamos para llevarlo a cabo. Lo que Antonio nos transmitía desde Madrid, nosotros tratábamos de transmitirlo a todas las Uniones Provinciales, aunque con algunas nos fue imposible pues estaban cerradas y los compañeros en lugar desconocido. Con otras, como con la de Sevilla a cuya cabeza estaba José Antonio Nieto, estuvimos en permanente contacto y tratando, con los pocos medios que teníamos, de organizar la respuesta. Avanzada la tarde, el Gobierno provisional formado por los Subsecretarios, aconsejó a los sindicatos no promover movilizaciones para no aventar el fuego golpista. Comisiones Obreras lo aceptó en principio, pero sin descartar que en el caso de que aquel golpe de estado fasci-neroso siguiera adelante, intentáramos tomar alguna respuesta contundente.
Sí, en aquella vorágine que se originó el 23F, el contar con la comunicación directa de Antonio fue importante para Andalucía.
Celebrado el Congreso de la Federación de la Construcción más adelante, Antonio fue sustituido en la Secretaría General y se vino a Andalucía, incorporándose en el Congreso de la COAN a la Secretaría de Organización.
En septiembre de 1983, dimití de la Secretaría General de la COAN por serias discrepancias con la política aplicada por la Confederación que encabezaba Marcelino Camacho. Antonio Herrera fue elegido nuevo Secretario General de la COAN en un consejo extraordinario celebrado en Cantillana.
El 14 de diciembre de 1988 Comisiones Obreras llamó a la Huelga General en todo el país, logrando la paralización total del mismo. Antonio, al frente de la COAN, logró que Andalucía también parase. Aquella noche estuve junto con un grupo de militantes de Izquierda Unida. Acompañamos a Antonio y a la dirección de la COAN en aquella guardia de las primeras horas en que se decide siempre si una huelga general va a tener éxito o no, entre otras cosas porque servicios básicos para la ciudadanía como el transporte y otros, inician su jornada laboral a horas muy tempranas, en la madrugada. Fuimos enterándonos con emoción contenida de cómo efectivamente, los autobuses urbanos no salían, los trenes no andaban y la estación de ferrocarril sita en la Plaza de Armas de Sevilla, estaba absolutamente vacía. Además las ondas radiofónicas y televisivas estaban en silencio. Yo creo que Antonio y todos nosotros nunca habíamos vivido un momento tan importante como aquél.
Después, pasado el tiempo, he pensado, y Antonio estaría totalmente de acuerdo conmigo, en que además de las razones que se utilizaron para explicar la unanimidad y la contundencia de aquel paro (como eran la situación económica, las medidas sociales negativas tomadas por el Gobierno, la recuperada unidad CC.OO-UGT y otras...), había algo más: una especie de ruido de fondo (como dicen los científicos cuando se refieren a la primera explosión del nacimiento del universo o Big Bang)... sí, un ruido de fondo proveniente de aquellos primeros llamamientos a la Huelga General que desde finales de los años 50, en plena dictadura franquista, hacía el PCE, que junto al corolario de la reconciliación de los españoles, formaba la esencia de la estrategia para acabar con la dictadura de forma pacífica. Ésa estrategia que empezó a calar en todas las fuerzas de la oposición, la hicimos nuestra las Comisiones Obreras, primero de forma tímida, más adelante, y tras los sucesos del Primero de Mayo del 68 en Francia, de manera decidida y contundente. Sucesivos llamamientos de huelgas generales los hubo, en algunos casos con éxito, en muchos lugares de la geografía española y en muchos sectores de la producción, persiguiendo siempre que coincidieran y se extendiesen como una mancha de aceite paralizando el país y acabando con aquel régimen. No se consiguió, y paradojas de la vida y de la historia, únicamente fue posible llevarlo a efecto en la Democracia, una vez superada la transición y con una gobierno socialista.
Antonio Herrera Fernández ha sido paradigma de las Comisiones Obreras y merece estar en su cuadro de honor. Nuestra amistad se forjó en ese magma convulso de la lucha contra la dictadura y la construcción de la libertad, pero más allá de eso, fue el intercambio de sentimientos y afinidades, lo que consolidó nuestro mutuo aprecio, nuestra amistad. Ésta larga cambiada última que me ha dado, me ha sentado muy mal. Veremos a ver si soy capaz de reconciliarme.
Y aquí termino, Antonio me está diciendo ¡ Acaba ya, “joío dios”!
Al principio de la tarde se barajó por la Dirección la necesidad de convocar un paro general en España, aún sabedores de las dificultades que tendríamos para llevarlo a cabo. Lo que Antonio nos transmitía desde Madrid, nosotros tratábamos de transmitirlo a todas las Uniones Provinciales, aunque con algunas nos fue imposible pues estaban cerradas y los compañeros en lugar desconocido. Con otras, como con la de Sevilla a cuya cabeza estaba José Antonio Nieto, estuvimos en permanente contacto y tratando, con los pocos medios que teníamos, de organizar la respuesta. Avanzada la tarde, el Gobierno provisional formado por los Subsecretarios, aconsejó a los sindicatos no promover movilizaciones para no aventar el fuego golpista. Comisiones Obreras lo aceptó en principio, pero sin descartar que en el caso de que aquel golpe de estado fasci-neroso siguiera adelante, intentáramos tomar alguna respuesta contundente.
Sí, en aquella vorágine que se originó el 23F, el contar con la comunicación directa de Antonio fue importante para Andalucía.
Celebrado el Congreso de la Federación de la Construcción más adelante, Antonio fue sustituido en la Secretaría General y se vino a Andalucía, incorporándose en el Congreso de la COAN a la Secretaría de Organización.
En septiembre de 1983, dimití de la Secretaría General de la COAN por serias discrepancias con la política aplicada por la Confederación que encabezaba Marcelino Camacho. Antonio Herrera fue elegido nuevo Secretario General de la COAN en un consejo extraordinario celebrado en Cantillana.
El 14 de diciembre de 1988 Comisiones Obreras llamó a la Huelga General en todo el país, logrando la paralización total del mismo. Antonio, al frente de la COAN, logró que Andalucía también parase. Aquella noche estuve junto con un grupo de militantes de Izquierda Unida. Acompañamos a Antonio y a la dirección de la COAN en aquella guardia de las primeras horas en que se decide siempre si una huelga general va a tener éxito o no, entre otras cosas porque servicios básicos para la ciudadanía como el transporte y otros, inician su jornada laboral a horas muy tempranas, en la madrugada. Fuimos enterándonos con emoción contenida de cómo efectivamente, los autobuses urbanos no salían, los trenes no andaban y la estación de ferrocarril sita en la Plaza de Armas de Sevilla, estaba absolutamente vacía. Además las ondas radiofónicas y televisivas estaban en silencio. Yo creo que Antonio y todos nosotros nunca habíamos vivido un momento tan importante como aquél.
Después, pasado el tiempo, he pensado, y Antonio estaría totalmente de acuerdo conmigo, en que además de las razones que se utilizaron para explicar la unanimidad y la contundencia de aquel paro (como eran la situación económica, las medidas sociales negativas tomadas por el Gobierno, la recuperada unidad CC.OO-UGT y otras...), había algo más: una especie de ruido de fondo (como dicen los científicos cuando se refieren a la primera explosión del nacimiento del universo o Big Bang)... sí, un ruido de fondo proveniente de aquellos primeros llamamientos a la Huelga General que desde finales de los años 50, en plena dictadura franquista, hacía el PCE, que junto al corolario de la reconciliación de los españoles, formaba la esencia de la estrategia para acabar con la dictadura de forma pacífica. Ésa estrategia que empezó a calar en todas las fuerzas de la oposición, la hicimos nuestra las Comisiones Obreras, primero de forma tímida, más adelante, y tras los sucesos del Primero de Mayo del 68 en Francia, de manera decidida y contundente. Sucesivos llamamientos de huelgas generales los hubo, en algunos casos con éxito, en muchos lugares de la geografía española y en muchos sectores de la producción, persiguiendo siempre que coincidieran y se extendiesen como una mancha de aceite paralizando el país y acabando con aquel régimen. No se consiguió, y paradojas de la vida y de la historia, únicamente fue posible llevarlo a efecto en la Democracia, una vez superada la transición y con una gobierno socialista.
Antonio Herrera Fernández ha sido paradigma de las Comisiones Obreras y merece estar en su cuadro de honor. Nuestra amistad se forjó en ese magma convulso de la lucha contra la dictadura y la construcción de la libertad, pero más allá de eso, fue el intercambio de sentimientos y afinidades, lo que consolidó nuestro mutuo aprecio, nuestra amistad. Ésta larga cambiada última que me ha dado, me ha sentado muy mal. Veremos a ver si soy capaz de reconciliarme.
Y aquí termino, Antonio me está diciendo ¡ Acaba ya, “joío dios”!
2 comentarios:
Edu, ¿cómo quieras que te diga que debes escribir más a menudo? No seas tan gandulete, tío. Desde Barbate, Ricardo "el Sobaquillo".
Edu, ¿cómo quieras que te diga que debes escribir más a menudo? No seas tan gandulete, tío. Desde Barbate, Ricardo "el Sobaquillo".
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