por Eduardo Saborido Galán
En aquella época, década de los sesenta, por mucho que se haya hablado del desarrollismo y del despegue económico y modernizador de España etc., etc., son zarandajas, pues a la mayoría de los trabajadores se les había impedido saber leer y escribir, sobre todo escribir. Menos aún hacer un escrito dirigido a las autoridades franquistas, a la dirección de las empresas o a los periódicos explicando la situación social que se padecía y reivindicando un cambio de la situación. Escrito que a su vez, tenía que ser entendible y no caer en descalificaciones que pudiesen ser consideradas como insultos a la autoridad y subversivas. Porque en este último caso asustaría a los trabajadores que tenían que respaldarlo, pero además podía provocar la represión ipso facto contra el autor o autores del mismo. Es decir, esto no era nada sencillo.
Sin embargo, en el patio del metal, que se hizo popular por sus reuniones de los jueves y que enseñó a mucha gente a intervenir en público, también –la necesidad a veces hace milagros- era un sitio donde habíamos aprendido a hacer esos escritos y desde las empresas y gremios, venían compañeros para que les redactásemos sus manifiestos y protestas, nos tenían sitiados como amanuenses permanentes.
Así, un día de octubre del 68, mientras se celebraba la asamblea de todos los jueves en el patio, apareció un grupo de jóvenes de HYTASA que conocíamos y que querían reunirse con nosotros, algo importante traían. Nos metimos en un despacho que había en un rincón al lado de la escalera y cerramos la puerta para que ningún “curioso” se enterase de lo que íbamos a tratar.
Allí estaban, por fin, seis o siete jóvenes representando a HYTASA. Encabezados por Ramón Sánchez Silva, estaban su hermano Antonio, Juan Alba Ramos, Lorenzo Saborido Esquivel, Felipe Zapatero Behín, Damián Roldán Arjona, Pedro Bazarot Borrego y también José Luis Márquez Ojeda. Y decimos por fin porque desde que comenzamos el movimiento de CC.OO., esta empresa tenía fama de ser una especie de campo de concentración. Su dueño y señor Don Prudencio Pumar, dictaba bajos salarios, jornadas agotadoras, malos tratos y sanciones injustas al personal, disciplina, mucha disciplina, ése era el principio básico del desenvolvimiento de aquel reducto del franquismo más primitivo, pues no faltaba ni siquiera el tufo paternalista típico del fascismo: todos los años le regalaban a los productores un vale a cambio del cual les daban juguetes para sus hijos. En estas condiciones, nos podemos imaginar lo difícil que era organizar cualquier movimiento reivindicativo.
Si, esa representación joven y animosa, nos contó que había habido días atrás una intoxicación en el comedor de la empresa y que estaban afectados más de doscientos trabajadores. Conforme lo iban contando, nos fuimos dando cuenta de que ese asunto era tan grave, que si lo enfocábamos bien podría ser el principio de la primera y gran movilización de los trabajadores de HYTASA.
Así, nos pusimos a redactar un escrito protestando por lo ocurrido, dirigido a la dirección de la empresa, y una copia de éste sería llevada por la Comisión al periódico “ABC”, como réplica a unas declaraciones que unos días antes había realizado el médico de la empresa, el Dr. Pera, a dicho periódico sobre el mismo tema, tratándolo como si hubiese sido un mero accidente. Además del tema de la intoxicación, exponíamos en ese escrito las condiciones de trabajo que existían en HYTASA y las reivindicaciones consiguientes, es decir, redactamos todo un programa reivindicativo de los trabajadores.
En aquellos momentos pensábamos que siendo un escrito de réplica, había más posibilidades de que “ABC”, periódico franquista como pocos, lo publicara. Además, ya por entonces, el “Correo de Andalucía” venía publicando conflictos obreros y aumentando sus lectores en el ámbito laboral, y eso empicaba al “ABC”.
Efectivamente, el escrito fue entregado a la dirección de la empresa y publicado en el “ABC”. En la fábrica se corrían las voces de unos trabajadores a otros, era la primera vez que eso sucedía y encendió un gran ambiente de rebeldía. Como cualquiera puede suponer, a la empresa le sentó muy mal esta publicación, se les venía abajo todo el edificio de empresa modélica que con tanto empeño y durante años habían montado. Actuó en consecuencia. Llamó a un trabajador de los destacados, Felipe Zapatero Behín, que formaba parte de la Comisión Obrera de la fábrica, y le obligó a desnudarse para comprobar, eso decían, si tenía escondido entre la ropa el escrito original enviado a la prensa. Esto de obligar a desnudarse es un arma que siempre han tenido los poderosos para humillar y dejar desvalido ante un interrogatorio a los oprimidos. De aquel forcejeo entre empresa y trabajador, salió el despido de Felipe.
Si ya en días anteriores se había iniciado una acción de protesta consistente en que a la hora de salida, los trabajadores iban juntos y despacio en “marcha lenta”, cuando se enteraron del despido del compañero, el grupo de trabajadores, que en principio no era muy numeroso, creció sobremanera, y en los días siguientes, turno a turno, nave a nave, la mayoría de los trabajadores se sumaron a la acción. Sintiéndose fuertes, también se negaron a ser cacheados de forma humillante, como era costumbre, a la salida del trabajo. Esto originaba una gran concentración en la puerta a la que se sumaba por fuera la concentración de familiares que iban a recibirlos y delegaciones de otras fábricas de Sevilla que venían a solidarizarse. Finalmente, tras múltiples incidentes, los trabajadores terminaron ocupando las Oficinas de Personal...
La HYTASA, a pesar de todo no cedió a ninguna de las reivindicaciones y el presidente de la empresa “el bueno de Don Prudencio” ni siquiera se dignó a reunirse con los trabajadores para negociar una salida al conflicto, pues eso era rebajarse, no entraba en sus cálculos ni en sus maneras. Hizo lo que su conciencia le dictaba: despedir a los trabajadores destacados, es decir a la mayoría de la Comisión Obrera, e informar a la Brigada Político-social, por si ésta no lo sabía ya, de la existencia allí de estos trabajadores subversivos, con lo que algunos, entre ellos Ramón, fueron detenidos.
Como es evidente, estas primeras Comisiones Obreras de HYTASA, integradas por jóvenes combativos que no habían conocido la Guerra Civil, fueron descabezadas. Por ello, algunos críticos de entonces, y algún que otro historiador de ahora, rememorando aquellas luchas, pusieron y han puesto en entredicho ese modelo de actuación de “dar la cara” que los militantes de CC.OO. tenían, que una vez represaliados dejaban al movimiento obrero paralizado, rompiendo su continuidad y su desarrollo.
No se daban cuenta entonces, ni ahora, de que ese “dar la cara”, pregonar con el ejemplo, ha sido precisamente uno de los ejes y principios básicos por los que CC.OO. fue el principal ariete para la conquista de la libertad y un componente esencial de la construcción de la Democracia en España...Sí, ese ejemplo de dar la cara y apechugar con las consecuencias, provocaba que al poco tiempo apareciera una nueva generación de trabajadores dispuestos a la lucha, y éstos volvían a caer y al poco eran reemplazados en sucesivas oleadas hasta doblar el pulso a esa patronal cerril. De éstas promociones de jóvenes luchadores formaron parte, entre otros , Francisco Ledo, Pedro Muñoz, Manuel Candea, Antonio Ponce, Juan Antonio Florido, Francisco Nieto, Francisco Rangel, Tomás de Soto…
Aunque a lo mejor si éstas sucesivas promociones de contestatarios, hubieran sabido la composición de esta patronal cerril, no se hubieran atrevido a reivindicar en la ilegalidad implantada.
Porque detrás de Don Prudencio Pumar Cuartero y su hijo, José Manuel Pumar Mariño, que actuaban como testaferros, estaban los verdaderos dueños de HYTASA, los accionistas más fuertes: los Lasso de la Vega, Solís, Benjumea, Sánchez-Ibargüen, Ostos, Armero, Candau, Guardiola, Montero de Espinosa y Fernández de Córdoba, que son un ramillete de apellidos muy representativos de lo más granado de los terratenientes y de la burguesía sevillana, de la patronal andaluza de siempre, que como es natural, toda la vida han procurado mandar desde la sombra...
O quizás sí se hubieran atrevido aún conociendo la fuerza de esa patronal y su carácter inmovilista. Seguro que les hubieran mirado cara a cara reivindicándoles mejores condiciones de vida, porque, recordando..., ¡qué osadas y dignas eran esas promociones obreras de entonces!. En aquellas circunstancias difíciles, ¡Cómo daban la cara en defensa de los derechos de los trabajadores!. Ramón, era uno de ellos.
Sevilla, 23 de julio de 2007
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